En nuestra promesa de seguir celebrando la vida, la amistad, la pasión por nuestra tierra y los pilares de nuestra vinícola, presentamos esta Edición Wixarika del mejor vino de México, Gran Ricardo. 

El Arte Wixarika consiste en representar a través de cuentas de colores una gran variedad de elementos sagrados y significativos de la cultura mexicana;

El Arte Huichol es una forma de escritura, ya que a través de las creaciones, los Huicholes nos cuentan sus historias y sus mitos. En cada artesanía huichol dejan un pedazo de su vida. Actualmente, se puede decir que no hay otro grupo étnico en Mexico que conserven tan profundamente sus creencias, cultos y tradiciones como los Huicholes.” – Nierika, Arte Huichol.

Festejamos el mes patrio demostrando el enorme poder creativo de México en el que veinte artesanos y cuatro familias completas durante tres meses se encargaron de elaborar cada una de las 300 botellas, edición limitada.

En el caso de Gran Ricardo, presentamos dos diseños exclusivos, que evocan nuestro nombre y nuestra raíz huichol; Xanic, la flor que brota después de la primera lluvia. 

Celebramos el legado del mejor vino mexicano con más de 50 medallas a nivel internaciona, conformado por las mejores variedades de nuestros valles bajacalifornianos como Cabernet Sauvignon, Merlot, Petit Verdot y Cabernet Franc. 

No te pierdas la oportunidad de tener en tus manos una pieza única con un trabajo detallado y una obra artística, por dentro y por fuera que se reconoce a nivel mundial. Y la posibilidad de deleitar su característico color rojo carmesí.

Un vino cuyos taninos se desarrollan por añejamiento en barrica de roble francés y, con cada año de guarda, se descubre en él, notas nuevas. 

 

Monte Xanic. El vino de México.

Adquiérelo aquí: https://montexanic.mx/tienda/producto/gran-ricardo-huichol/

Por Alma Delia Murillo

 

Cuando el poeta Miguel Hernández dice Tus cartas son un vino que me trastorna y son el único alimento para mi corazón señala de forma bellísima y aguda el punto de intersección entre el vino y la literatura: existen para emocionarnos. 

 

Sentarse a leer un buen libro y acompañarlo de una copa de buen vino sería una justa definición de paraíso, paradójicamente un paraíso pecaminoso al que, al menos yo, no me resisto nunca. Podemos anticipar la emoción que causa abrir un libro nuevo o retomar la página donde nos quedamos porque cada libro escrito en solitario hace una comunión perfecta con quien navega sus páginas también en solitario, con toda concentración y en un diálogo silencioso, hay una ineludible carga emocional en ese intercambio. Y quién podrá negar que cuando las emociones se nos atragantan no hay mejor forma de pasarlas y dejar que se asienten en el alma y el cuerpo que con una copa de vino.

 

En la historia de la literatura el vino figura de una y otra forma, de los amores más dulces que el vino derramado en el Cantar de los Cantares cuyo cachondo y bíblico erotismo marida perfecto con una copa bien servida a los designios azarosos que envenenan en la obra de Shakespeare, hasta llegar al bálsamo de Fierabrás que don Alonso Quijano bebe para sanar las palizas que recibe en sus furibundas peleas y aventuras; pero el vino en sí mismo es también una historia, una narración líquida que nos habla de tierras de origen, familias vinicultoras, uvas, añadas y cosechas. No hace falta ser un experto sommelier para emocionarse viendo el color que centellea al caer en la copa, percibiendo los aromas que se desperezan luego de años de sueño, dando ese primer trago que se siente como un empujoncito que nos da la vida para seguir adelante, para arribar a la alegría.

 

Ahí hay literatura, en esos corchos que coleccionamos caben incontables relatos, reuniones, amores, rupturas, duelos y celebraciones. En esas botellas vacías que a veces convertimos en floreros o candeleros improvisados, está la vida misma. Y eso también es narrativa, una narrativa cercana al realismo mágico.

 

Si en esa ficción se rompen las reglas de lo cotidiano y cualquier suceso extraordinario es visto y relatado con naturalidad, el vino bien podría ser uno de sus formatos de expresión. Abriendo una novela de Elena Garro o de Juan Rulfo todo lo irreal resulta perfectamente posible, abriendo una botella de buen vino mexicano sucede lo mismo: hay permiso para contar lo mágico; con orden y concierto, bien puede ser que las piedras y los colores de México hablen, que los días de la semana se conviertan en mujeres voluptuosas o que nuestros fantasmas vengan a acompañarnos durante la cena, que los perros ladren en mensaje cifrado sólo para nosotros y que el tiempo salte cuatro siglos atrás para permitir que dos amantes puedan reencontrarse con las ropas manchadas de color tinto, como el de la botella de vino que pusimos a la mesa.

 

Los vinos de Monte Xanic tienen esa carga emocional que sólo se siente en lo que se hace con amor y dedicación. Se percibe la buena factura, la contundente calidad con que han ganado premios internacionales, sí; pero se siente, sobre todo, una pasión que reverbera y que nos emociona, que nos recuerda que con un poquito de magia, todo es posible.

 

Escrito por Óscar Gaona

 

Pensar en Gran Ricardo es pensar en elegancia, pureza, balance, búsqueda de perfección y máxima expresión aromática. Eso es lo que pienso cuando paso por el viñedo, a recorrer aquellos pequeños lotes de donde provienen nuestras mejores uvas de variedad Cabernet Sauvignon, Merlot y Petit Verdot, y por qué no, Cabernet Franc también entra en la ecuación si es que la añada lo permite.

La concepción del vino icónico de México empieza en el viñedo, donde nos damos a la tarea de manejar a la perfección la vid para que pueda expresar lo mejor de sí, es decir, lograr el equilibrio entre la adaptación de la planta con el suelo, el clima y el manejo del hombre, para que se traduzca en expresión aromática amplia, taninos adecuados y maduros, y un buen balance de acidez. Desde la poda en invierno manejamos una correcta carga de fruta para que la planta se enfoque en pocos racimos pero de excelente calidad, en vez de una sobreproducción que nos haría ganar en volumen pero nunca en calidad.

El reposo de la planta en invierno junto con la ayuda de la lluvia de esta época le permite guardar sus energías para que una vez que empiece a sentir los primeros calores primaverales despierte con toda la fuerza y comience su actividad en lo que llamamos “brotación”. La fuerza con la que se expresa la planta es enorme considerando su pequeño tamaño pero son sus ganas de mostrarse lo que prevalece. Pero esta fuerza la tenemos que ir guiando y controlando, por lo que es esencial el “manejo en verde”. El cuidar un lote de viñedo catalogado como Gran Ricardo requiere mayor observación, mantenimiento y cuidados para lograr llevar a buenos términos la calidad de racimo hasta la época de vendimia.

El catar en el viñedo las pequeñas bayas de uva e ir interpretando sus sabores y aromas que van creciendo día a día requiere concentración y agudeza en los sentidos para poder determinar el mejor día de cosecha en base a lo que voy interpretando en boca. Me detengo a probar y me imagino cómo serán los sabores durante la fermentación, cómo se comportarán los taninos a 5, 10, 15 o más de 25 años de crianza junto con su color y acidez. Por eso el trabajo del enólogo es futurista e imaginativo, por el hecho de lograr interpretar la expresión actual de la uva y bajo los criterios enológicos poderlos expresar sin que se note la mano del enólogo, sino más bien que el vino brille con su propia luz.

Ya en bodega la transformación del azúcar en alcohol no es el objetivo al final del día, sino más bien es lograr que se vayan destapando todos los aromas primarios que provienen del crecimiento de la uva en su planta, por ello el trabajo técnico de la buena selección de levaduras que nos ayuden a revelar todo el potencial aromático y que llevemos a buen puerto la fermentación evaluando varias veces al día el consumo de azúcar y mantener a temperatura adecuada para lograr extraer lo mejor de sí. 

Ya una vez terminada la vinificación me doy a la tarea de seleccionar las mejores barricas para añejar el vino y lograr un buen equilibrio entre la madera y éste durante la crianza y que la unión entre estos dos elementos logre desarrollar aromas terciarios que resalten en la boca pero no dominen, sino que más bien acompañen todos estos aromas que logramos obtener desde el viñedo. La textura del vino se continúa amoldando para lograr afinar y embellecer el paladar con fineza de taninos durante 18 meses de crianza.

Al cabo de la crianza desarrollo la mejor combinación entre Cabernet Sauvignon, Merlot, Petit Verdot y Cabernet Franc para lograr el perfecto equilibrio y armonía que prevalecerá por décadas, por lo que esta tarea es producto de arduos días de trabajo, catando barrica por barrica y mezcla a mezcla hasta lograr el objetivo, el cual cada año cambian los porcentajes ya que el objetivo es lograr un balance, no seguir una receta.

Por este tiempo somos guardianes de unas cuantas “páginas del libro” que llamamos Gran Ricardo para después dejarlo en manos de los amantes del vino más exigentes, para que ellos escriban sobre esta historia.

¡Salud!

 

En palabras del gran escritor y filósofo Umberto Eco: “en lo que nos convertimos depende de lo que nuestros padres nos enseñan en momentos extraños, cuando no están tratando de enseñarnos. Estamos formados por pequeños trozos de sabiduría.” Es así, en la cotidianidad, en los actos de cada día, que los hijos aprenden todo de los padres. 

Sin embargo, sería un error reducir la figura de un padre, pero sí podemos marcar arquetipos, que si bien se relacionan con ellos, también son parte de lo que Gran Ricardo, el mejor vino mexicano, representa. Aquí te contamos, ¿con qué arquetipo de Gran Ricardo te relacionas más?

 

El padre sabio:

Así como Gran Ricardo, eres un padre que se caracteriza por instruir en sus hijos el poder del conocimiento, el razonamiento crítico de su entorno para entender al mundo y el contexto en el que se desenvuelven. Si te pudiéramos representar, serías los taninos que apoyan y se desarrollan por 18 meses de crianza en barricas de roble francés, dando equilibrio y elegancia al vino. Con una recomendación de guarda de diez años, eres un padre que con cada año de vida, aportas una experiencia y enseñanza nueva a tus hijos. 

 

El papá líder:

Eres un padre que como Gran Ricardo, destaca por su habilidad de crear comunidades unidas por el éxito profesional. Proyectas responsabilidad, liderazgo y el poder para guiar a los demás. La gente te admira e  inspiras a través de la pasión que le dedicas a cada cosa que haces. Si te pudiéramos representar serías el pilar de Gran Ricardo, la variedad de sus uvas: Cabernet Sauvignon, Merlot, Petit Verdot y Cabernet Franc. Cada uva un elemento distinto, cada una, retomando el sabor de sus valles de procedencia: Guadalupe y Ojos Negros. Con esa personalidad única, eres quien guía a tus hijos desde los actos. 

 

El papá héroe:

Tienes una personalidad tan brillante como el sol, eres líder, amigo, maestro. Tus hijos aspiran a ser como tú, y el solo hecho de que existas les motiva para alcanzarte, para ser “como papá”. Sin embargo, eres un papá que se siente cercano, que forja una amistad con sus hijos, pero que siempre busca que ellos sean mejor que tú, que te superen. Tú serías las notas de cata de Gran Ricardo, un papá complejo de describir, que se descubre solo a través del tiempo. A primera vista presentas un rojo carmesí con tonos violáceos con una buena densidad de color. En nariz sobresalen la grosella y el arándano con notas de vainilla, pimienta negra, tostados y tabaco. En boca tienes un gusto complejo, pero suave. 

Así como Gran Ricardo, la figura de un padre es complicada de traducir, pero siempre podemos hacerlo desde la literatura y el mismo arte del vino. Así que te dejamos con una frase de Edgar Guest, poeta estadounidense: “solo un padre lo da todo para allanar el camino de sus hijos, haciendo con coraje inquebrantable las cosas que su padre hizo por él. Y esta línea quiero dedicarle: Solo un padre, pero el mejor hombre.”

Gran Ricardo es el primer vino ultra premium de México, creado en memoria de Ricardo Hojel, socio fundador de Monte Xanic, con su firma característica impresa en la botella. Un vino que representa lo mejor de nuestros Valles, la cosecha de calidad y un trabajo enológico que marca el liderazgo, compromiso, orgullo, pasión y el espíritu pionero de Gran Ricardo, el mejor vino de México.

 

Volvamos al año 1994, año en el que se cosechó la primera uva de Gran Ricardo, aunque no fue hasta el 95 que todos los socios la probaron para ver el ensamble óptimo para este vino. Después de que se embotella la primera añada, Ricardo Hojel fallece, y el Gran Ricardo se libera hasta el 2000 con su firma a modo de homenaje por su trascendencia y significado.

La primera añada fue una mezcla bordalesa en su mayoría compuesta de Cabernet Sauvignon con Merlot y Cabernet Franc. Con esta cata, los socios se dieron cuenta de la evolución de este vino ante el color. Es un vino denso que forma lágrimas con una densidad impecable, persistencia en boca de gran acidez, taninos balanceados, sutileza y sobre todo elegancia. “Nos dimos cuenta que en Monte Xanic, este grado de calidad es posible”, dijo el Dr. Hans Backoff, y así comenzaron a transmitir la visión del orgullo por lo hecho en México. 

En el año 2004, la etapa de expansión de nuevas ideas, se produjo por primera vez, la añada del vino ultra premium. Y en este mismo año se lanzó la línea de las ediciones limitadas para entender mejor el terruño mexicano.

El ciclo del valle de Guadalupe recibe lluvias abundantes cada 5 años, por lo que la añada del 2004 tiene una alta concentración aunque sigue guardando frescura frutal: frutos rojos, frambuesa y fresa. El Cabernet Sauvignon le brinda aromas a pimienta, regaliz, clavo y el Merlot le brinda frutos rojos. El olor de esta añada de Gran Ricardo es espectacular y el primer ataque en boca es indescriptible.

Cada año se buscan los mejores lotes para producir Gran Ricardo, casi siempre es Cabernet Sauvignon, Merlot y otro ensamble, dependiendo del valle donde se siembre. Con cada añada, se innovan las mezclas con el mismo espíritu y pasión bajo el mismo lema: “Innovación, consistencia y calidad, lo tenemos tatuado”.

La añada del 2017, marca la celebración de 25 años desde la creación de este vino. Un momento histórico de celebración al mejor vino mexicano: “el legado representa la amistad de cuatro socios y sobre todo amigos que decidieron honrar a Ricardo Hojel.”

Para nosotros, la “innovación es lanzarse a hacer cosas que parecen imposibles”, aprovechar la tecnología y mejorar la calidad. Esta es la filosofía que los actuales socios, encabezados por el director general, Hans Backhoff hijo, tienen hasta el día de hoy. Hacer vinos con pasión, que motiven, que reflejen el trabajo y la visión de todo el equipo de Monte Xanic. 

 

“Nuestro secreto es la consistencia y la calidad es fundamental. Las medallas lo demuestran. Gran Ricardo representa un parteaguas, un antes y después del vino mexicano.”– Hans Backhoff

 

Monte Xanic es un gran ejemplo a seguir de lo que está bien hecho en México.